5 de setiembre de 1820 Artigas comienza su exilio en el Paraguay

José Gervasio Artigas, el Protector de los Pueblos Libres del Sur.

De Eduardo Galeano “Usted”, en Memoria del Fuego. Tomo II. Las caras y las máscaras. Buenos Aires. Siglo XXI. 1988.

“Sin volver la cabeza, usted se hunde en el exilio. Lo veo, lo estoy viendo: se desliza el Paraná con perezas de lagarto y allá se aleja flameando su poncho rotoso, al trote del caballo, y se pierde en la fronda.

“Usted no dice adiós a su tierra. Ella no se lo creería. O quizás usted no sabe, todavía, que se va para siempre.

“Se agrisa el paisaje. Usted, vencido, y su tierra se queda sin aliento. ¿Le devolverán la respiración los hijos que le nazcan, los amantes que le lleguen? Quienes de esa tierra broten, quienes en ella entren, ¿se harán dignos de tristeza tan honda?

“Su tierra. Nuestra tierra del sur. Usted le será muy necesario, don José. Cada vez que los codiciosos la lastimen y la humillen, cada vez que los tontos la crean muda o estéril, usted le hará falta. Porque usted, don José Artigas, general de los sencillos, es la mejor palabra que ha dicho”.

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Derrotado en Tacuarembó por los portugueses, perfectamente armados y con una abrumadora superioridad material, Artigas se repliega hacia Entre Ríos, cruzando con unos cientos de hombres el río Uruguay, instalándose en Mandisoví. Conoció, entonces, el Tratado del Pilar y montó en cólera, acusándolo a su, hasta entonces, lugarteniente “Pancho” Ramírez de traición.

Creía todavía estar en un buen momento, se enfrentó con las armas al que luego llamarían El Supremo Entrerriano que, traicioneramente, como anticipó el caudillo de los orientales, fue sobornado por el dinero de Buenos Aires y le asestó el golpe final. Sin darle tiempo a rehacerse, pues toda la campaña del país profundo argentino engendraba en pocos días ejércitos artiguistas, Ramírez emprende la persecución del gran caudillo, que, perdido ya, se interna en las selvas paraguayas y se acoge a la protección del Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia, Supremo Dictador.

Los designios de Buenos Aires se estaban cumpliendo por mano ajena; mucho peor que eso: quienes los ejecutaban eran lo que debieron estar más unidos que nunca.

La guerra de los portugueses (colonizadores de Brasil) contra Artigas había sido extremadamente violenta, las derrotas se sucedieron y habiendo perdido prácticamente todos sus hombres y, traicionado por sus aliados –entre ellos, como se vio, el “Pancho” entrerriano-, el caudillo oriental se internó finalmente en territorio paraguayo el 5 de septiembre de 1820. Allí culmina definitivamente su actuación política y militar en el Río de la Plata. La historiadora Ana Ribeiro reproduce en El Caudillo y el Dictador, un relato de José María, hijo del general Artigas: “Llegó a las fronteras del Paraguay con doscientos libertos y algunos oficiales, escribió al dictador solicitando su entrada a la provincia y éste otorgándosela, mandó inmediatamente a recibirlo. En efecto, lo recibió un oficial en las primeras guardias al que entregó Artigas su espada y su bastón y a su ejemplo todos los soldados sus armas”.

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El caudillo oriental creyó que encontraría en Paraguay amigos y aliados para poder reunir un último ejército, pero todo fue en vano. En esfuerzo postrero y de infinita generosidad envió los últimos dineros que le quedaban para que estos fueran distribuidos como auxilio hacia sus oficiales detenidos por los portugueses en la isla das Cobras: Lavalleja, Otorgués, Verdún y Bernabé Rivera, entre otros. Dos grupos de hipótesis se manejan en torno al por qué Artigas se interna en el Paraguay: por un lado las que señalan que frente a una situación extremadamente adversa se ve forzado a buscar refugio en este país; pero por otro lado, están aquellos que ven en este gesto de Artigas la búsqueda de adhesión de este país a sus luchas. Resulta muy improbable que de acuerdo a la forma de ser de Artigas éste hubiera elegido el ostracismo voluntario en tierras paraguayas; probablemente percibió con rapidez el verdadero carácter de Francia pero fue sometido a una suerte de prisión mientras el “Supremo”, al decir de Roa Bastos, estuvo con vida.
https://www.youtube.com/watch?list=RDqXxSXQxw_Gc&v=JBR96M4KUcQ

fuente: http://profesor-daniel-alberto-chiarenza.blogspot.com.ar/

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