He resaltado en color diferente,  en el artículo de Morales Solá publicado en la fecha por el diario La Nación – transcripto al pie – las frases que, a mi modo de ver,  expresan su pensamiento de manera más cruda. No se trata del pensamiento escrito de un periodista o un analista político imparcial como gusta presentarse. Es la opinión de un dirignte político, uno de los miembros visibles más importantes de la mesa de conducción política de la coalición Cambiemos junto con Elisa Carrió, María Eugenia Vidal, Rodriguez Larreta y Mauricio Macri, que son los que están expuestos, los que salen a la luz. Detrás de ellos, desde las sombras, hay otro conjunto de dirigentes políticos que no se exponen, pero que están tan comprometidos como ellos en la ejecución del proyecto político puesto en marcha y las principales decisiones salen de esa mesa de conducción política. Y el diario La Nación, su principal portavoz, es quien las expresa.

Son el grupo de CEOs que lo acompañan en el gabinete,  que integran el llamado Círculo Rojo, cuya trayectoria conocemos porque tienen la misma extracción del grupo que impulsó, apoyó y se enriqueció con el golpe cívico – militar  de Videla, Massera y Agosti y permanecieron siempre en las sombras. Su cara visible era José Alfredo Martínez de Hoz y como siempre su portavoz era el diario La Nación, “la tribuna de doctrina” que fundara Bartolomé Mitre. Durante el gobierno de Néstor y Cristina se pudo enjuiciar a la mayoría de aquellos que se expusieron y pudieron ser relacionados directamente con el accionar criminal de la dictadura. Pero los responsables ideológicos que se mantuvieron ocultos – salvo pequeñas excepciones – permanecen intocables y siguen actuando en la vida política con total impunidad. Allí están la Sociedad Rural y sus socios de la Mesa de Enlace, los principales bancos nacionales y extranjeros dedicados a la fuga de capitales, el grupo Clarín, el grupo Rocca, el grupo Bulgheroni, el grupo Arcor Pagani y demás socios de la UIA, el colegio de abogados de la CABA, Monseñor Arancedo y el sector más reaccionario de la Iglesia, entre otros no menos responsables.

Este accionar no es nuevo en la historia argentina. Ya la conspiración para fusilar a Manuel Dorrego tuvo una trama similar según lo relata Mario “Pacho” O´Donell en un artículo publicado por el Instituto Nacional de Revisionismo Histórico Manuel Dorrego  que vale la pena leer por que mantiene plena actualidad:

http://www.institutonacionalmanueldorrego.com/index.php/component/k2/item/2665-aniversario-del-asesinato-de-coronel-y-gobernador-manuel-dorrego-1828-2016

Morales Solá lo ratifica en su artículo, “la mesa que rodea al presidente hizo esa autocrítica y aconsejó a Macri cambiar drásticamente su política”. El entorno está preocupado porque ve vacilaciones, dudas en el equipo de gobierno. Es el momento para insuflarles ánimo, aplaudirlos, ratificar que el camino es el correcto. Y qué mejor que hacerlo públicamente desde el diario La Nación, a la vista de todo el mundo.

La editorial de Morales Sola está escrita pensado principalmente en aquellos que constituyen la cara más expuesta de la coalición Cambiemos. Son los que deberán responder por las consecuencias de las actuales políticas de bajos salarios, de apertura de importaciones indiscriminadas, de aumento del desempleo, de endeudamiento externo, de fuga de capitales  y del accionar del aparato represivo que se está montando, imprescindible para aplicar las mismas, los que tienen dudas y temen las consecuencias de este accionar. Ningún periodista en su sano juicio puede escribir tan suelto de cuerpo las frases que he resaltado,  aplaudiendo la decisión del Presidente de recurrir por fin a la represión de las protestas sociales destituyentes que ocupan el espacio público y crean anarquía y a poner en su lugar a los gremios docentes  por reclamar por un salario digno. Todo el artículo es un montaje tratando de magnificar  la sacha movilización de los sectores Pro de la CABA del 1A,  asociado a la urgente encuesta realizada por Poliarquía – encuestadora oficial del diario la Nación –  donde se pretende demostrar que, a consecuencia de este cambio de política,  Macri recuperó su imagen negativa y “la imagen de la gestión presidencial creció un 8% en el interior”, cuando sabemos que no hay prácticamente lugar en el interior argentino donde su presencia no provoque rechazo; para animar al equipo conductor y darle la confianza necesaria para profundizar el camino político emprendido.

El gobierno está acusando el impacto de las movilizaciones de marzo y el paro de la CGT.  Debemos apoyar la lucha de los docentes y a la procuradora Gils Carbó que es donde están apuntando primero. Las elecciones están lejos. El accionar del parlamento nacional es muy pobre, está completamente controlado por cambiemos. En los hechos sólo sesiona cuando le conviene al gobierno. Por el momento, salvo algunas excepciones, los representantes de los sectores populares, estan alejados de los reclamos del pueblo y los trabajadores, abocados a la tarea legislativa. Ya Néstor pidió “que florezcan mil flores” como una manera de estimular  la multiplicación de corrientes políticas dentro del campo nacional y popular. Pareciera ser que ello está sucediendo. Vemos a diario surgir numerosas organizaciones y agrupaciones políticas que levantan estas banderas. Es tiempo de que las mismas comiencen a actuar de manera más coordinada para que el espacio políticamente ganado en las movilizaciones de marzo se engrandezca con la participación de las grandes mayorías populares y poder avanzar en la recuperación del poder político arrebatado.

Joaquín Morales Solá – LA NACION


Joaquín Morales Solá

Domingo 16 de abril de 2017
 

¿Fue el destituyente helicóptero que el kirchnerismo blandió el 24 de marzo? ¿O fueron, acaso, las multitudinarias marchas en apoyo a la democracia del 1º de abril? Las dos cosas influyeron para que el gobierno de Mauricio Macri pusiera en práctica una política fáctica y dialéctica de réplica a su dura oposición. Desalojo por la fuerza del espacio público, firmeza con los gremios docentes (y con otros sindicatos también en el futuro inmediato) y la promesa presidencial de enfrentar las “prácticas mafiosas”.

Puede ser una coincidencia, pero lo cierto es que la encuesta más reciente, confeccionada por Poliarquía, señala que la gestión de Macri recuperó gran parte de la simpatía social que había perdido en febrero y marzo.

Sea como sea, esos números ratificaron dentro del Gobierno la política nueva. De la paciencia a la acción, de la tolerancia infinita a la respuesta inmediata.

La respuesta del Gobierno era el silencio y la inercia. Es decir: nada. ¿Cómo importantes núcleos sociales no iban a creer que existía un vacío de poder, sobre todo cuando estaban acostumbrados al autoritarismo que se fue? La mesa que rodea al Presidente hizo esa autocrítica y aconsejó a Macri cambiar drásticamente su política. El Presidente ya venía cavilando sobre los límites de cualquier paciencia. Antes había apoyado incondicionalmente la política de María Eugenia Vidal de enfrentar a Roberto Baradel, el referente kirchnerista de la sublevación docente. Baradel perdió esa batalla. Su derrota se dio no sólo entre los docentes, sino también en la opinión pública. La encuesta de Poliarquía terminó de indagar en la opinión de los argentinos después de que el gobierno porteño desalojara con la policía el primer intento de levantar la carpa blanca en el Congreso. No cambió ningún número.

Macri sólo será prudente con la apertura de la economía y con las decisiones para bajar el déficit fiscal. Su alusión a las “prácticas mafiosas” va mucho más allá de los sindicatos. Incluye a los gremios -cómo no-, pero también a empresarios, jueces y políticos. Lo escucharon asegurar que no vacilará cuando detecte una componenda mafiosa. Está seguro de que esas corruptelas terminan perjudicando a la gente común. “Terminaré con ellos o ellos terminarán conmigo”, deslizó a su grupo íntimo. Extraño: el status quo no le gusta a este político tildado de conservador.

El Macri de hoy no hubiera existido nunca sin el 1A. Esas manifestaciones espontáneas y cuantiosas de la sociedad en defensa de la democracia (y, por lo tanto, del gobierno de Macri) moldearon otro presidente. Podría ser un alarde de humildad, pero lo cierto es que el análisis que hace de esas muchedumbres es realista. “Yo soy la expresión de esos sectores sociales, no son ellos una expresión mía. Por lo tanto, tengo un mandato que cumplir, que consiste en defender al gobierno elegido y el orden público”, les dice a sus interlocutores. Ningún argentino que salió ese sábado a la calle imaginó nunca el enorme cambio que estaba impulsando.

¿Ha resuelto todos sus problemas? No. Ni mucho menos. Tiene elecciones decisivas por delante, cuyo proceso comenzará en cuatro meses con las primarias abiertas. Y la inflación no cede. La economía será la variable política más importante de esas elecciones. Es cierto que los argentinos están viviendo los últimos momentos con los viejos salarios. Las paritarias que comenzaron en marzo resolverán nuevos salarios a partir de fines de abril. Pero la administración debería impedir que una inflación alta destruya los ingresos nuevos. El crecimiento del consumo y de la economía son condiciones claves para un triunfo electoral. Conformaría, además, a la mayoría social que, según Poliarquía, confía en que estará mejor en los próximos meses.

La recuperación de Macri fue exponencial en el interior del país, donde el sector agropecuario ya levantó cabeza. Su problema, según esa misma medición, sigue siendo el pobre conurbano bonaerense, donde habita la mayoría de los carenciados. La imagen de la gestión presidencial creció un 8 por ciento en el interior; en el conurbano subió apenas un 2 por ciento. Encima, Macri no tiene todavía candidato para el distrito más grande del país. Todos hablan de Esteban Bullrich, pero el Presidente es el más renuente a autorizar ese traslado. No imagina un mejor ministro de Educación que el que tiene ahora. Será alguien con perfil bajo. La campaña bonaerense la harán Vidal, la política más popular del país, y el propio Macri.

Elisa Carrió, que, de acuerdo con Poliarquía, es la segunda líder más popular del país después de Vidal, competirá en la Capital. Es el acuerdo al que llegaron Macri y ella y que se conocerá seguramente en los próximos días. Mala noticia para Martín Lousteau, si es que éste insiste en enfrentar a Cambiemos. Macri y Carrió son aliados imprescindibles, pero no siempre opinan de la misma manera. Difieren, por ejemplo, sobre la estabilidad del presidente de la Corte Suprema, Ricardo Lorenzetti. El Presidente dijo con absoluta claridad que el cuestionamiento de Carrió no es una política del gobierno. Carrió está segura de que defiende a Macri cuando pone en duda severamente la honestidad de Lorenzetti. Pero Macri no tiene relevo para el presidente de la Corte. Juan Carlos Maqueda no quiere ocupar ese lugar. Elena Highton de Nolasco está sentada sobre una cautelar que contradice la nueva jurisprudencia del tribunal que ella misma integra. Debería irse en diciembre cuando cumpla los 75 años, pero no quiere hacerlo. Los otros dos jueces, Horacio Rosatti y Carlos Rosenkrantz, son muy nuevos. Llevan sólo meses como jueces de la Corte.

La enemiga definitiva de Macri en la Justicia es una sola: la jefa de los fiscales, Alejandra Gils Carbó. Decenas de funcionarios de Macri han sido imputados en la Justicia por fiscales que responden directamente a Gils Carbó. Ella es mucho más importante que Lorenzetti para el Presidente.

Los conflictos no han terminado para Macri. La diferencia es que ahora se metió en la refriega y está dispuesto a dar batalla. Su opositora más tenaz y destituyente, Cristina Kirchner, bajó cinco puntos en la medición de Poliarquía. Tiene ahora un 25 por ciento de imagen positiva. Cuando uno sube, el otro baja. La polarización (o Macri o Cristina) no es sólo una estrategia; es también una construcción política y social.

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