publicado en: La Tercera de Chile

EL ASESINATO del viceministro del Interior boliviano no sólo es inaceptable y da cuenta de una violencia inaudita, sino también es una clara señal del complejo momento político que vive el Presidente Evo Morales. Aliados históricos del mandatario, los cooperativistas mineros -responsables del crimen del alto funcionario de gobierno- han gozado durante los últimos diez años de exclusivos privilegios, desde obtener concesiones estatales sin licitación a poder reinvertir los impuestos que pagan, equivalentes al 2,5% de sus ganancias, en su propio beneficio y no estar sujetos a las obligaciones laborales de otros sectores. Además, fueron históricamente un apoyo decisivo en las manifestaciones sociales que impulsaron la carrera política de Evo Morales.

El mandatario boliviano basó esas lealtades y alianzas en entregar beneficios y prebendas a los sectores sociales que apoyaron su ascenso al poder. Una estrategia que era sostenible en la medida que se mantuviera el auge de los commodities y las divisas fluyeran hacia las arcas fiscales. Pero con la caída en los precios de las materias primas el escenario cambió: por una parte el gobierno no está en condiciones de seguir satisfaciendo las demandas sociales; por otra,  los grupos acostumbrados a pedir siguen elevando sus exigencias -esta vez solicitaban  la derogación de la nueva ley minera.

Denunciar un supuesto “complot permanente” para removerlo del poder, como aseguró el propio Presidente boliviano tras el crimen de su viceministro del interior no hace más que desviar la atención de sus propias responsabilidades en el crecimiento de los grupos sociales que hoy reclaman contra un gobierno que ya no tiene la misma capacidad de satisfacer sus demandas. La situación vivida la semana pasada revela una evidente pérdida de apoyo de Morales entre quienes le dieron inicialmente sustento y, como señaló a este diario el analista boliviano Carlos Cordero, restringen las posibilidades de reflotar los intentos por revivir la eventual reelección de Morales -tras el fracaso del plebiscito de febrero-, anticipando un nuevo escenario político.

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