pancho 10 septiembre, 2019

 

 

 

Un Malón ataca Puerto Argentino

28 de Agosto de 1837 un malón ataca la actual Bahía Blanca

 

 

 

 

 

 

Por Adán Costa – Desde Santa Fe (Instituto del Pensamiento Latinoamericano)

  • Cuando se piensa en un malón, se lo asocia a tiempos remotos de llanuras sin horizontes. Tiempos de hombres de a caballo, poblados con gritos de sangre, torsos bravos al descubierto, lanzas bravas y mujeres blancas desnudas arrancadas del calor de sus alcobas. Luego cautivadas. Y que aquéllos eran indios bárbaros que robaban, pillaban, saqueaban, llevando horror a la nación culta que estaba naciendo alrededor de las pampas.
  • Lo cierto es que, casi doscientos años antes de ese decimonónico siglo de la organización argentina, la “campeada” o la “maloca” ya era una práctica habitual que los conquistadores españoles habían introducido, como lo hicieron con el caballo, su lengua y la viruela, contra todas las poblaciones originarias de la Hispanoamérica. Claro, el malón, etimológicamente procede de la lengua de los mapuches, del mapudungun “malocón”, con lo cual el estigma quedó fijado en la palabra del lado de los originarios. El origen y configuración de las palabras nunca es casual, ni mucho menos inocente.
  • Al sur de la provincia de Buenos Aires, se había establecido la Fortaleza “Protectora Argentina”, también llamada “Fuerte Argentino”, fundada en 1828 como una primer línea defensiva, una frontera con los indígenas hacia el sur bonaerense. Tiempo después se transformaría en la actual ciudad de Bahía Blanca. Un 25 de agosto de 1837 fue atacado por un grueso malón comandado por los caciques Alón, Malinguer y Milano. Fueron resistidos por el comandante Martiniano Rodríguez quien finalmente los rechazó. La fortaleza estuvo a minutos de perecer. Era la época de Juan Manuel de Rosas.
  • El cacique mapuche-pehuenche Juan Calfucurá por osadía, carisma, y conocimiento de la travesía desde los Andes al sudoeste y centro de la provincia de Buenos Aires, poseía el suficiente prestigio para ser el líder de la coalición de pueblos indígenas que ejerció hasta su muerte en 1873.
  • La historiografía denominada “oficial” sostiene linealmente que el principal objetivo que unía a los indígenas era reabrir las puertas de la llanura bonaerense al comercio trasandino de ganado, rompiendo las reglas de tráfico comercial que Rosas había encomendado a sus aliados araucanos vorogás, como tapón al ingreso de grupos trasandinos al territorio bonaerense. El malón al Fuerte Argentino formaría parte de estas guerras. Aún la historiografía no se ha puesto de acuerdo si inicialmente Calfulcurá fue convocado por Rosas o fue su enemigo. Lo que es evidencia histórica es que recién a partir de 1841 fue su gran aliado, y que hasta incluso lo acompañó en la batalla de Caseros en 1852.
  • Más allá de esa crónica, es relevante poner al malón en una perspectiva histórica más general. Los estudiosos Rolf Foerster y Julio Vezub han escrito un recomendable análisis en “Malón, Ración y Nación en las Pampas”. La política de racionar, que porta implícito un reconocimiento de preexistencia, dadas a los indígenas pampeanos y patagónicos con ganado y otros bienes, fue implementada por los gobiernos del espacio rioplatense entre 1820 y 1880. Los pueblos mapuches justificaron el sistema de raciones, y sus efectos en las estructuras de poder y las relaciones interétnicas.
  • Estos autores, a su vez, cuestionan los antecedentes historiográficos que asociaron el malón exclusivamente con el tráfico ganadero hacia Chile de manera lineal, para postular la centralidad de las raciones para la economía mapuche, concebidas como el pacto de gobernabilidad que habilitó los procesos formativos de los Estados provinciales y nacional en las pampas, a partir de Juan Manuel de Rosas.
  • Antes de analizar al malón debemos analizar a las raciones. Uno de los contrastes más manifiestos de los vínculos de los mapuches con los Estados, en el siglo XIX, tiene que ver con los “agasajos” o “raciones”, entendidos éstos como una política de amistad, de entendimiento para con los pueblos indígenas, que las autoridades bonaerenses a partir de 1820 sostuvieron como el “negocio pacífico de Indios”. Cuando estos pactos no se cumplían por diversas razones, el malón fue la forma en la cual los indígenas lo hacían valer. El malón a su vez era “fundamentalmente una empresa económica en todo el sentido de los términos”.
  • A partir del desmoronamiento del orden colonial, que debilitó los acuerdos preexistentes con los referentes indígenas, y del proceso simultáneo de expansión ganadera, los mapuches se abastecían maloqueando las estancias bonaerenses. Para evitar esta práctica se justificó el suministro periódico de ganado y alimentos. El pacto de Rosas con los mapuches significó la politización del malón como ración.
  • Si malón y ración son un binomio inseparable, el comercio ganadero “ilegal” con Chile, que se pensó como fruto del malón, debería reescribirse completamente. No es tarea fácil, porque el paradigma “malón-Chile” se consagró con la pluma de Estanislao Zeballos como argumento legitimador de las campañas militares contra los mapuches en 1878, en la llamada Campaña del Desierto del General Roca.
  • Zeballos desconoció la política del malón como ración o derechos de la preexistencia de los pueblos, para pararse sobre una prédica cultural sostenida por mucho tiempo antes a través de palabras clave como “destrucción”, “invasión”, “afán de saqueo”, “depredadores de haciendas”, “robo de miles de cabezas de ganado”, “infiltración pacífica”, “expansión mapuche” o “épocas de maloqueo”, que llenaban de horror y pánico a las poblaciones.
  • En esta misma línea está la idea -un poco más actual- de tratar de extranjeros o chilenos a los pueblos mapuches, cuando su procedencia data cuánto menos del siglo IV, es decir más de 1.500 años antes de que existieran Chile o Argentina como países. En tiempos de Macri y Patricia Bullrich se habla virulentamente de la “R.A.M”, la resistencia ancestral mapuche asociada al terrorismo internacional.
  • Este es el efecto devastador cuando se introducen equívocos en la cultura de un modo sistemático y predominante; se persiguen intereses que por lo general se ocultan. Ha sido habitual la deslegitimación en la historia a través de otras palabras claves como: “civilización o barbarie”; “el dictador”, “el corrupto”; “el pedófilo”; “la chorra” o “la yegua”.
  • Todas estas cuestiones no están solamente en la historia. Hoy se quema la Amazonía, pulmón verde de la Humanidad, como consecuencia de la expansión de la frontera con un sentido exclusivamente capitalista de la tierra y la deforestación del bosque tropical más grande del planeta. Quienes primeros denunciaron el desastre ambiental fueron los pueblos originarios, mucho antes que ocurran. Como su palabra vale poco o nada, su voz no se amplifica; los discursos legitimadores de los capitales pesan por sobre ellos, y el resto la sociedad mira absorta e inmóvil, salvo honrosas excepciones, que no se dan por obra de la casualidad, como la del presidente aymara de los pueblos bolivianos.-
  • /Pancho

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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