gfveliz_02 2 julio, 2018

Seis de cada diez asalariados viven bajo la línea de pobreza al no alcanzar la canasta básica, que en marzo pasado alcanzó un costo de 17.867 pesos. Sumado a esto impulsan una Reforma Laboral que retrotrae los derechos de los trabajadores 80 años.

Las políticas de ajuste, transferencia de recursos, devaluación y demás iniciativas del gobierno de Macri fueron generando que los trabajadores pierdan cada vez más poder adquisitivo.

Los datos del INDEC aarrojaron malas noticias: la desigualdad creció este año a comparación del anterior, y el ingreso promedio per cápita de la población alcanzó los 10.381 pesos mensuales -algo muy por debajo de la canasta básica-.

Esto es un total de más de 8,3 millones de hogares que no llegan a salir de la pobreza, mientras que solo 899.280 sí lo hacen.

Otro dato no menor es que las estadísticas marcan que las mujeres siguen teniendo una mayor dificultad para alcanzar los niveles de ingreso promedio.

“Ni la dictadura se animó a tanto’. El presidente de la Asociación de Abogados Laboralistas, Matías Cremonte, repasó el borrador de la reforma que circula entre gremios y abogados y fue taxativo: ‘Es una ley hecha a la medida de los empresarios”

El ataque es global: laboral, tributario, en materia educativa, jubilatorio y se hace bajo la excusa de que las contrarreformas en Brasil “condicionan al país”…

En el fondo, es la confirmación del carácter que el gobierno tiene desde el primer día de su gestión : un gobierno agente directo de los empresarios y el imperialismo, ajustador y reaccionario.

Ocurre que, en cualquier caso, las reformas del gobierno deben pasar por el parlamento; y si este es una cueva de bandidos que seguramente le votará muchas de ellas, también es verdad que convertir estos brutales ataques en ley les da un estatus político que puede terminar favoreciendo que se construya un foco de resistencia a las mismas.

La traidora burocracia de la CGT ha sido un factor clave en toda esta picardía oficialista: se dejó conscientemente “engañar” para no hacer olas antes de las elecciones; y ahora resulta que no se trata de una “negociación gremio por gremio” ¡sino de una contrarreforma laboral brutal con un proyecto de ley que tiene 56 páginas!

La tarea del momento es clarificar acerca del carácter antiobrero y antipopular de las nuevas medidas de Macri y prepararse para organizar la resistencia desde abajo.

Si comenzamos por la reforma laboral, con solo ver algunos de sus ejes (los desarrollamos in extenso en otras notas de esta misma edición) queda claro su carácter antiobrero, el salto cualitativo que significara en la explotación de los trabajadores de imponerse: “El texto, que ya llegó a los gremios, sorprendió a los especialistas por su parecido ‘a la brasilera’. ‘Modifica toda la ley de contratos de trabajo, incluso algunos aspectos que ni (el ministro de Economía de la última dictadura militar), Alfredo Martínez de Hoz, se animó a tocar” (Página 12, 31/10/17).

Lo concreto es que mientas se reduce el impuesto a las ganancias empresariales y las cargas patronales (¡entre otros múltiples beneficios para los capitalistas!), el proyecto de ley macrista apunta a reducir a la mitad la indemnización por despidos.

En vez de tomar el sueldo bruto de los trabajadores para el cálculo del mes de indemnización por año trabajado[2], se tomaría simplemente el básico, que todo el mundo sabe que es mucho menor (entre otras cosas porque los empresarios siempre han maniobrado para que no se pase al básico sumas enormes de los ingresos obreros).

Otro ataque brutal, el más grave de todos, es que se habilitaría a pactar convenios a la baja por lugar de trabajo y hasta por trabajador en relación a la ley de contrato colectivo y al convenio que rige el sector. Una reforma que se ha impuesto en Brasil y que desmiente rotundamente el “compromiso” de antes de las elecciones de que “la ley de contrato de trabajo no sería tocada”.

Si de la reforma laboral pasamos a la impositiva, se trata de otro escándalo: la misma no viene más que a ratificar la transferencia de riquezas que el gobierno viene operando desde comienzos de su mandato.

Dicen que la reforma tributaria tendrá efecto fiscal “neutro”. Pero esta es una trampa para esconder que le sacaran más a unos, los trabajadores, y menos a otros, los empresarios. Es que la reforma tiene como uno de sus caballitos de batalla bajar la alícuota de ganancias -las verdaderas, la de los capitalistas-, del 35% al 25%, lo que de todas maneras es ya un chiste porque la Argentina figura tercera o cuarta en el ranking de mayor evasión mundial de este impuesto.

Junto con ellos, también se les permitiría a los empresarios desgravar aportes del impuesto al cheque, además de reducirles las cargas patronales sobre sus empleados, cuestión señalada arriba.

Como contracara de esto está la cantinela de “ampliar la base impositiva”. Pero esto lo único que busca es universalizar cada uno de los impuestos. Es decir: aquellos que pagamos todos pero que tiene una carga mucho mayor sobre aquellos que viven de un salario que respecto de los que son millonarios.

Aquí hay una doble trampa: ocurre que la universalización impositiva significa una norma igual para personas desiguales (Marx): pagan lo mismo un millonario que un trabajador (que gana el mínimo). En proporción, el trabajador paga muchísimo y el millonario, nada. Para el macrismo y su mundo del revés el impuesto “distorsivo” sería el “más injusto”: ¡aquél que lejos de ser universal haría que paguen los que más tienen!

Fuente: https://www.diarioregistrado.com/economia/es-oficial–6-de-cada-10-trabajadores-son-pobres_a5b36167c03e8eb343ca04148

Un plan de guerra contra los trabajadores

 

 

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