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José de San Martin hombre de la unión Americana

“Usted sabe que no soy de ningún partido, me equivoco, soy del partido Americano…” (Carta a Guido 20/10/1845.)
Al cumplirse un nuevo aniversario de la muerte de nuestro General José de San Martin, es menester que más allá de las citas y cronologías de batallas que libro nuestro Libertador, tendríamos que profundizar el quehacer político, ideológico, económico y estratégico de su obrar en su prosaica vida y su servicio a la patria. Antes estos momentos políticos que está padeciendo nuestra América del Sur mestiza, se agiganta la figura del libertador y sigue siendo el paradigma del cual no tan solo tenemos que espejarnos sino hay que transformar en hechos a través de la praxis revolucionaria para que no quede en una mera quimera o en un simple acto de homenaje.

Ante la avanzada contrarrevolución que estan sufriendo las diferentes gobiernos democráticos que retomaron algunos con mayor profundidad y otros tratando de sobrevivir a los embates del imperio y de la oligarquía lugareña, y por llevar adelante los mismo el pensamiento y el obrar de nuestros libertadores del siglo XIX; cuyo fin tenían como objetivo a realizar la tan ansiada unión Americana o Latinoamericana, asistimos a una banalización de la política, un travestismo que hace de ella un mero sketch de baja estofa  y que se vende a un alto precio en los multimedios, quienes habidos  de su agiotismo y vedetismo, perdieron el sentido de lo que es los medios de comunicación y de formación. No es casual que el asesor del inefable ingeniero presidente vierta conceptos como que “Hitler es un  tipo piola”; que el Ministro de hacienda retome viejas antinomias y haciéndolas reverdecer entre lo que es civilización y barbaries; entre cabecitas negras y los niños biam del barrio norte. Hoy muy suelto de cuerpo declara que no vaya a ser que alguien del interior nos tenga que decir como gobernar; y otra célebre frase, “por fin se terminó la grasa militante.”
Vuelven a reeditarse las frases y los eslogan de la historia Mitrista oligárquica pro imperialista. Hubo dos grandes desobediencias en la historia, la primera la hizo el General Belgrano, al desobedecer las órdenes de Buenos Aires para dejar el FRENTE DEL NORTE que estaba defendiendo ante los realistas para que vaya a Cordoba a enfrentar a sus propios hermanos los caudillos. Belgrano dijo no. Y sello la independencia y la soberanía de la patria en el norte. La segunda desobediencia la llevo a cabo el General San Martin cuando le retiraron todo el apoyo del Gobierno de Buenos Aires para formar el ejercito de cuyo y así diezmar no tan solo sus fuerzas sino obliterar el ideal que tenía el general en su dimensión de lo que luego llamaríamos la Patria Grande. San Martin formo un ejército de a pie con gauchos, mujeres, curas y hermanos chilenos para realizar el cruce de los andes sorteando así un obstáculo geográfico; libero nuestro pueblo hermano Chileno junto con  O’Higgins, tomo la ruta del pacifico por vía marítima entrando a Perú liberando este y se encontró con otro gran hombre de nuestra patria grande el general Simón Bolívar, ahí sellaron de una vez para siempre la liberación del ejercito realista. San Martin entrego sus tropas al general Bolívar y se retiró ya que su ejército estaba totalmente diezmado cediéndole la posta a su homónimo. Viajo a Europa y murió en el olvido de la oligarquía porteña y sus acólitos. En su testamento pidió que lo enterraran sin ningún homenaje pero si podían llevar sus restos para que su última morada sea su patria, el general tenía al lado de su camastro el retrato de Simón Bolívar.
 Tomando unas cuantas sitas del libertador que en varias misivas le escribió a Guido, a Godoy Cruz, a Estanislao López, entre otros.
“Vamos claro mis lanceros: San Martin será siempre un hombre sospechoso en su país y por esto mi resolución está tomada: yo no espero más que el cierre de la cordillera para sepultarme en un rincón donde nadie sepa mi existencia y solo saldré para el para ponerme al frente de una partida de gauchos, si los matuchos nos invaden” (Carta a Guido, 14/2/1816.)
“¿Y quién hace los zapatos me diría usted? Andemos en ojotas, más vale esto que nos cuelgue y peor que esto perder el honor nacional. Y el pan  ¿Quién lo hace en Buenos Aires?
“…una porción numerosa de nuestra especie ha sido hasta hoy mirada como un efecto permutable y sujeto a los cálculos de un tráfico criminal: los hombres han comprado a los hombres y no se han avergonzados de degradar la familia a que pertenece vendiéndose unos a otros.” (Resolución del protector del Perú aboliendo la esclavitud, 12/8/1821.)
Y las citas mencionadas son de la obra de Norberto Galasso. Donde describe la vida de San Martin cuyo título versa SEAMOS LIBRE Y LO DEMAS NO IMPORTA NADA.
En una invitación que recibimos los miembro de la mesa Severo Chumbita a disertar en Guandacol, localidad que se encuentra en La Rioja, donde se pernoctaba nuestro General Felipe Varela y desarrollo no tan solo sus cuestiones personales sino también fue el teatro de operaciones para enfrentar a la barbarie civilizatoria que dirigía Mitre, Rivadavia y Sarmiento – este último como el gran ejecutador y asesino de nuestros caudillos federales de la confederación – al terminar dichos eventos el Prof. Yamil Sarruf Vallejo (diputado provincial, departamento Felipe Varela, Función Legislativa. La Rioja.) tuvo la deferencia de regalarme el libro del Coronel Roque Lanús “La Provincia de La Rioja en la Campaña de los Andes” expedición auxiliar a Copiapó.
Lanús que vio la luz allá por el año 1946 realizo un trabajo que ilumino aquella gesta provinciana en la gran epopeya de los países de AMERICA del SUR.
Allí relata que antes de la batalla de Chacabuco el General San Martin, instalado en Mendoza, organizó una expedición auxiliadora que pasara a Copiapó desde La Rioja para derrotar a los españoles. Para esta misión designó al entonces gobernador de la provincia, un hombre de confianza del Libertador, Don Benito Martínez quien le ordeno a Nicolás Dávila, Comandante de Famatina, la preparación de dos escuadrones de milicias que debían estar listo el 17/01/1817. Entre los oficiales se destacaban José Benito Villafañe- luego hombre de extrema confianza de Facundo Quiroga y Miguel Dávila. También ayudaron al Comandante Juan Fulgencio Peñaloza, tío de Ángel Vicente – hombre fuerte de los llanos y Francisco J. Granillo sacerdote de los llanos entre otros.
La expedición partió de Guandacol con 350 hombres el 22 de enero y cruzo la quebrada del Zapallar. El Comandante Nicolás Dávila ocupo la ciudad de Copiapó el mismo día de la batalla de Chacabuco el 12 de febrero de 1817.
Una vez más el interior profundo estuvo presente en las grandes gestas patriotas apoyando y luchando a la par de nuestro libertador, no tan solo contra los godos sino también contra el centralismo porteño de la ciudad Fenicia que actualmente nos gobierna.
 
    Mesa provincial “Severo Chumbita”
 
Ricardo Solohaga, Jorge Reales, Luis Chayle, Fernanda Chayle, Soledad Sosa

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