Los sindicatos fueron recibidos por el Gabinete y frenaron un paro. El temor a ser corridos por izquierda.

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El presidente Macri tuvo que movilizar medio Gabinete en la mañana del jueves para que los principales dirigentes de la CGT  le bajaran el tono a la posibilidad de hacer un paro general y se concentraran en negociar paliativos a la pérdida de empleos y poder adquisitivo que golpea a la clase trabajadora.

“No hay ni una tregua ni una fecha de paro”, se escapó tras la reunión Héctor Daer, miembro del flamante triunvirato de conducción de la CGT, que completan Juan Carlos Schmid y Carlos Acuña.

Antes de ingresar a la reunión del Consejo Directivo de la CGT del viernes pasado Schmid había anticipado un paro para “algún día de octubre”, pero luego sus pares le quitaron respaldo.

“No podemos permitir que Yasky y los zurdos nos manejen la agenda. Es momento de negociar”, le achacaron. El más cauteloso es Luis Barrionuevo, padrino de Acuña y el único sindicalista de diálogo frecuente con Macri, tras el paso al costado de Hugo Moyano, que sufre un deterioro de su salud.

Incluso un grupo que está formalmente afuera de la CGT, como el Masa que lidera el taxista Omar Viviani, los mecánicos del Smata de Ricardo Pignanelli, los petroleros de Antonio Cassia y el ruralista Gerónimo Venegas, entablaron diálogo con Barrionuevo y analizan sumarse a la CGT. “No se la podemos regalar a los zurdos”, es la preocupación compartida. Los “zurdos” son la CTA y los movimientos sociales.

Mientras negocian, este grupo ya decidió reactivar las 62 Organizaciones, para tener un instrumento político que les permita fijar sus matices. No casualmente lo presentaron rechazando el paro.

“No podemos dejar que nos quiten la conducción del conflicto social y nos marquen los tiempos”, explicaron a LPO fuentes de ese sector y agregaron: “Si nos empujan a un paro, vamos a chocar con el Gobierno y perdemos el poder de negociación con Macri”

Además del triunvirato, este jueves se acercaron al Ministerio de Trabajo José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Andrés Rodríguez (UPCN), Roberto Fernández (UTA), Francisco Gutiérrez (UOM), Abel Frutos (Panaderos), Rodolfo Daer (Alimentación) y Pablo Moyano (Camioneros).

Los sindicalistas de gremios grandes como Smata, Comercio y el grupo de Viviani están preocupados porque creen que el triunvirato de la CGT se deja marcar el ritmo por Yasky y los movimientos sociales.

Los recibieron los ministros Jorge Triaca (Trabajo), Alfonso Prat Gay (Hacienda), Francisco Cabrera (Producción), Rogelio Frigerio (Interior) y el poderoso vicejefe del Gabinete de ministros, Mario Quintana.

“En diez días, el Gobierno convocará a una reunión con empresarios y a partir de ahí tendremos confirmaciones y respuestas”, explicó Daer.

Según pudo saber LPO, los sindicatos exigen varias condiciones para no salir a la calle. La primera es una reducción gradual del impuesto a las ganancias para los trabajadores, con un cronograma claro para mostrar en las bases.

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El gastronómico Luis Barrionuevo, uno de los pocos sindicalistas d diálogo directo con Macri.

También reclaman un bono de fin de año para compensar la inflación acumulada y que se exima ganancias del medio aguinaldo de diciembre. Macri ya les envió un mensaje: la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, no descartó luego de la reunión en la cartera laboral, la entrega de un bono navideño a beneficiarios de planes sociales.

En principio los sindicalistas aceptarían no reabrir las paritarias o reducirla al mínimo posible de sindicatos, una súplica del Gobierno para no complicar su plan de reducción de la inflación, justo cuando empieza a dar señales de desaceleración.

En rigor se trata de un pacto no escrito que celebró Triaca meses atrás que a cambio de liberar los 29 mil millones de las obras sociales que el Estado retenía desde la época de Cristina Kirchner. Se acordó que contribuyan a la paz social no convocando a paros y acompañen el esfuerzo para bajar la inflación.

El pacto no escrito que selló meses atrás Triaca fue la devolución de los 29 mil millones de pesos de las obras sociales que retenía el Estado, a cambio de paz social por este año. Esto es, que no hagan paro.

Los sindicalistas reconocen que empezó a bajar, pero también tienen la presión de los sindicatos mas inclinados a la izquierda como los que nuclea la CTA, que ante la recesión estableció una alianza táctica con las organización sociales, de combate más frontal al Gobierno.

Por eso, mientras hacen como que pelean por reabrir las paritarias, los principales sindicatos peronistas están tratando de compensar aunque sea un poco la caída del poder adquisitivo -que ronda los 10 puntos- por medio de bonificaciones, como viáticos y extras, que no generar el impacto inflacionario directo de un anuncio de aumento salarial, como curiosamente hoy obsequió al gobierno una funcionaria de su riñón: La presidenta de Aerolíneas Argentinas, Isela Constantini, cerró un acuerdo con los Aeronavegantes por el 42%. La foto que quiere evitar la Rosada.

Por eso, los dirigentes de la CGT se quieren reunir con el presidente, para terminar de acordar una serie de compensaciones, con la idea que sirve presionar, pero que acaso un paro los puede complicar más que ayudar.

“Si hacemos un paro no nos queda margen de negociación. Nos ubicamos al lado de los zurdos”, evaluaban hoy los sindicalistas.

Pero saben que necesitan logros concretos para que la CTA y los movimientos sociales no les marquen la agenda, con medidas como la emergencia social que promueven en el Congreso o multitudinarias manifestaciones como la de hace un mes en plaza de Mayo.

De hecho, Pablo Michelli, referente de una de las dos CTA, les marcó a la cancha mientras desayunaban en el Ministerio de Trabajo. “Le pido a la CGT que no se preste a las dilaciones del Gobierno y llame al paro”, reclamó. No lo obedecieron.

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