Ernesto 27 noviembre, 2018

CABALLEROS EN LA JUNGLA

 

 

El hashtag somos “rivales no enemigos” trae a mi recuerdo aquella frase de Balbín lanzada sobre el féretro de Perón: “un viejo adversario despide a un amigo”.
La del viejo dirigente radical ilustró un intento por cerrar un abismo que se abría como un tajo sangrante en los años setentas, pero que venía de bastante antes. Quizá no haya sedimentado lo suficiente, ya que dos años después sobrevino vino la noche sepulcral del terrorismo de Estado.
La del fútbol, hoy sobrevive únicamente como etiqueta publicitaria o como eslogan de la Superliga Argentina de Fútbol ¿Podemos ser caballeros si sentimos que vivimos en una jungla?
¿Podemos pactar desde la generosidad de entregar hasta incluso algo que anhelabas con un deseo que te constituía como ser humano hasta hace dos segundos atrás?
¿Es sólo deporte? ¿O hay algo más?
O no será que nuestros comportamientos nos aproximan más a esas poblaciones africanas que sonríen o miran con lasitud, y en cuanto se dan vuelta, la mitad asesina a la otra mitad.
El odio ya está servido, celebrado, cebado con auto-complacencia masturbatoria. Desde el momento mismo que se ensalza al individuo y no al conjunto, al mérito y no a la cooperación, a la competencia y no a la solidaridad.
La sociedad del enfrentamiento, la del policía condecorado que abate al delincuente, la sociedad que le encantaría vivir en el país de la segunda enmienda constitucional, esa que protege el derecho del pueblo a poseer y portar armas.
La sociedad que se regodea con la foto de chaleco y casco con los funcionarios de otros gobiernos, como si eso fuera suficiente para alimentar a sus hijos cuando no se llega a fin de mes. El alimento moral puede llegar a ser un buen diurético para la mesa de los bien regados.
Yo soy otro de los que creían que la final del mundo en el país del fin del mundo no traía más que alienación y foco mediático por un par de semanas. Incluso me quejé en unos garabatos escritos de circulación relativa, seguramente como éstos.
“No voy a poder dormir por tres semanas” dijo un ilustre hincha de Boca.
Me equivoqué. Sin rasgarme las vestiduras, porque simpatizo por uno de los clubes de fútbol de la ciudad de Santa Fe, creo que la final desperdiciada nos está mostrando verdaderamente el camino, sobretodo porque este juego del fútbol fue tan deseado como malogrado.
Esta sociedad no se resuelve sembrando el odio o la malidecencia, sino lo contrario. Y se empieza con el amor al otro, especialmente el que piensa diferente o su experiencia vital es distinta a la tuya. Así se empieza a incluir. No hay inclusión material si antes no hay inclusión cultural.

Sin amor político, sin amor a la humanidad esta sociedad no se resuelve.
Practiquémoslo.

Por Adán Costa 27/11/18.

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