NOTADEL EDITOR – DIARIO LA NACION

Domingo 9 de abril de 2017

Enero fue un mes de vacaciones. Febrero estuvo marcado por los traspiés no forzados, con los casos del Correo y de Avianca como símbolos. Pero marzo fue peor aún para el Gobierno, porque con la interminable secuencia de marchas, protestas y piquetes, se instaló en forma subterránea la sensación de que Macri empezaba a quedar acorralado por un frente adverso, que incluso meneaba riesgosamente temas institucionales. Abril trajo para el presidente una refrescante brisa otoñal, que arrancó el primer día del mes con la marcha “en defensa de la democracia” y que continuó con un espadeo gremial que no dejó mal ubicado al Gobierno.

El paro fue “contundente”, como dijo la CGT, pero curiosamente dejó más satisfecha a la Casa Rosada que a los líderes sindicales. La movida social en contra de la huelga, las fotos logradas en los días previos para sellar acuerdos sectoriales con los sectores de la construcción, el calzado y los textiles y la curva favorable del conflicto docente bonaerense los llevó a esa conclusión. Un importante funcionario que había expresado hace diez días su preocupación por la pérdida del control de la agenda pública, esta semana estaba exultante. “La gente se dio cuenta de que somos mayoría los que estamos a favor del cambio. Y con esa fuerza podemos seguir avanzando”, expresó tras el paro del jueves último, con la convicción de que Gobierno dobló la curva de la peor etapa del año.

Macri volvió a creer que a partir de ahora recibirá el ímpetu de una mejora económica, que los indicadores aún no exhiben. Y de ahí a pronosticar un salvador triunfo en octubre hay sólo un paso. Quizás es pedirle demasiado a una brisa de abril que aún no es un huracán.

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