El balance comercial marcó en julio un rojo de 789 millones de dólares. La cifra representa un incremento de “apenas” 5,5 por ciento frente al déficit registrado el mismo mes del año pasado (748 millones). La ralentización en la expansión del agujero comercial se explica por el frenazo de las importaciones ante el escenario recesivo que siguió a la corrida cambiaria mientras que las exportaciones se mantuvieron anémicas a pesar de la mejora en los niveles de competitividad. Así, en apenas 211 días el saldo comercial alcanzó el déficit proyectado en el Presupuesto para todo 2018. Durante los primeros siete meses del año, la salida de divisas por el frente comercial escaló hasta los 5867 millones de dólares, un 74,5 por ciento más que el mismo período de 2017 (3363 millones).

El mes pasado las importaciones ascendieron hasta 6174 millones de dólares, con un aumento del 2,2 por ciento. La evolución de las compras externas se explica por una suba de los precios de 6,5 por ciento mientras que las cantidades retrocedieron 4,0 por ciento. El comportamiento es consistente con la combinación entre el salto cambiario y la contracción del mercado interno frente a la caída del poder adquisitivo. Sin embargo, el proceso de apertura y desregulación lograron imponerse al combo recesivo: las cantidades importadas de bienes de consumo aumentaron 11,1 por ciento en julio frente al mismo mes del año pasado. Es decir que el proceso de desplazamiento de producción nacional por bienes del exterior siguió incluso en medio de la recesión y complicó aún más al dañado tejido industrial argentino. La caída interanual en las cantidades estuvo concentrada en los bienes de capital y las partes y piezas para esas máquinas, que cedieron 12,5 y 10 por ciento, respectivamente. Semejante desempeño ofrece una aproximación al desplome de la inversión privada asociada a la incertidumbre que generan el programa de austeridad acordado con el FMI, la errática política económica del gobierno y la creciente vulnerabilidad externa del país.

“La caída de las importaciones en julio fue menor a lo esperado”, expresaron desde la consultora Radar al advertir que el mes pasado “el balance comercial siguió implicando una demanda de dólares, a pesar de la suba del tipo de cambio”. La sostenida demanda de divisas en el frente  comercial se suma a la fuga de capitales que se acelera con las tensiones cambiarias (ver página 2).

Entre los aumentos de las importaciones destacados por el Indec figuran los porotos de soja excluidos para siembra. La compra al exterior de productos de un rubro donde la producción argentina es líder global se explica por la caída del 37,4 por ciento en la cosecha de soja a raíz de la sequía, que dio lugar a una campaña que este año rondará las 36 millones de toneladas, la recolección más baja desde la sequía del período 2008-2009, cuando se registraron 32 millones de toneladas.

Las exportaciones, por su parte, llegaron hasta los 5385 millones de dólares, un alza del 1,7 por ciento interanual. Aunque las cantidades vendidas retrocedieron 8,4 por ciento, fundamentalmente por la caída de los envíos del complejo sojero, el aumento de los precios de 11,1 por ciento fue suficiente para cambiar el signo. Las exportaciones se vieron impulsadas por los envíos de manufacturas industriales a Brasil, explicado casi en su totalidad por el sector automotor, que creció 68,6 por ciento. También marcaron una suba significativa las ventas de carne bovina a China y Rusia, que escalaron 89,4 por ciento en el mes.

“El nuevo tipo de cambio es un impulso para varios sectores exportadores. Vale señalar, de todas formas, que si bien es mucho más ventajoso para los sectores transables, una condición necesaria para que haya un salto importante en la actividad exportadora, logrando que se sumen nuevas empresas o sectores, es que su nivel sea percibido como sostenible y estable”, expresaron ayer desde Radar. Es una condición que por el momento no se cumple.

Los datos acumulados para los primeros siete meses de 2018 muestran que las exportaciones aumentan un 4,9 por ciento mientras que las importaciones lo hacen al 11,3 por ciento. En ese escenario donde se contabilizan 19 meses consecutivos de déficit, la importación de bienes de consumo marca una escalada acumulada del 11 por ciento que responde en su totalidad a los aumentos en las cantidades ingresadas al país. Si bien las importaciones demoran en ajustar ya que en la actualidad están ingresando al país los pedidos realizados en meses anteriores, el aluvión de containers de bienes finales suma tensiones sobre el resentido empleo en las industrias que lentamente afecta, también, al comercio.