Ernesto 29 julio, 2019

Afganistán: La diplomacia del talibán

 

 

 

Con tres nuevos ataques explosivos se han vuelto a despertar los kabulíes en la mañana de este último jueves 25. En el este de la ciudad, un atacante shahid (suicida) se inmoló tras embestir con su moto, cargada de explosivos, a un minibús del Ministerio de Minas y Petróleo. Tras el ataque, una fuerte explosión producida por un artefacto explosivo improvisado, los temibles y conocidos IED (por sus siglas en inglés) detonó en cercanías del primer ataque, enseguida, un coche bomba estalló en otra parte de la ciudad, tras chocar contra un convoy de fuerzas militares extranjeras. Las primeras cifras que se conocieron, tras los ataques, según Ministerio de Salud, indican que hubo 11 muertos y unos 45 heridos. El talibán ha revindicado el último de los ataques mientras se deslinda de los dos anteriores.

 

El talibán  es la más legendaria de las organizaciones terroristas que operan en Afganistán y que desde hace más de 18 años no solo que ha sabido resistir la invasión norteamericana, sino que ha puesto a todos los ejércitos de la OTAN, que se sumaron a la “cruzada” de Washington, contra las cuerdas. Ahora sigue golpeando con dureza, mientras espera para los próximos días que se inicie la octava ronda de conversaciones de paz, que mantiene en Qatar con representantes de la Casa Blanca, ignorando al gobierno central afgano y a su presidente Ashraf Ghani, a quien tratan de simple títere.

 

El secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, ha puesto como meta alcanzar una solución antes del 1 de septiembre,  lo que, a simple vista, parece bastante poco probable, ya que existe una fuerte controversia en el interior de la organización terrorista entre quienes intentan llegar a un acuerdo y los más ortodoxos, que podrían estar detrás de los últimos ataques.

 

El mullah Haibatulá Ajundzada, líder de los talibanes, sigue dispuesto a boicotear las elecciones presidenciales del 28 de septiembre, por lo está ensuciando con sangre la campaña electoral, que oficialmente comienza el próximo domingo, por lo que se prevé que la cadena de ataques que han comenzado a producir en las últimas semanas se intensifique a partir del domingo. Mientras tanto, estos  ataques puntuales, pequeños, pero contundentes y políticamente exasperantes para Washington y Kabul, siguen generado un estado de zozobra general en todo el país, que se prepara más que para una elección, para un nuevo y sangriento capítulo de una guerra que parece infinita.

 

Los talibanes también reconocieron su responsabilidad en el ataque, del pasado martes 23, contra un convoy de la OTAN, que se dirigía al aeropuerto de Kabul y que dejó gravemente heridos a tres soldados croatas, de los que ya se ha confirmado la muerte de uno de ellos, Josip Briški de 27años, uno de los 99 militares croatas que se encuentran en Afganistán en apoyo de la misión Resolute Support (Apoyo Resuelto) de la OTAN que cuenta con casi 14 mil hombres.

 

Durante el jueves 25 de julio, varios ataques se reportaron por parte de los muyahidines afganos que golpearon distintos puntos del país. El más importante, por el número de muertos, se produjo en el distrito de Ishkamish en la provincia de Takhar, al norte del país, donde al menos siete civiles y 35 policías, murieron tras cinco horas de combates, que se iniciaron en las primeras horas del jueves, cuando varios pelotones talibanes atacaron de manera combinada tres puestos de control y una base de la Policía Nacional.

 

En el valle de Wazir, en el distrito de Khogyani, al sur de la provincia de Nangarhar, próxima a la frontera con Pakistán, diez civiles murieron, siete mujeres y tres niños, y otros seis resultaron heridos, todos de una misma familia cuando un IED colocado en un camino estalló al paso de uno de los vehículos que se dirigían a una fiesta de casamiento. También se conoció que en la ciudad de Firozkoh, en la provincia de Ghor,  un oficial de policía fue asesinado a tiros, por desconocidos que escaparon en una motocicleta

 

Mientras que en la provincia de Logar, al sudeste de Kabul, nueve civiles pertenecientes a la tribu nómade Kuchi-Pastun murieron en un ataque aéreo estadounidense en la zona de Khaki Dag del distrito de Baraki Barak, el “incidente” ya fue confirmado por Naciones Unidas.

 

Julio sangriento

 

Las operaciones suicidas tanto del talibán como del Daesh Khorasan a lo largo de julio han tenido como objetivo principal las tropas de la coalición e instalaciones civiles. El 1 de julio, los talibanes lanzaron dos ataques suicidas, el primero en Kabul, cuyo objetivo era el centro de ingeniería y logística del Ministerio de Defensa. Si bien el ataque dejó un muerto, había sido preparado para dejar muchos más, lo que lo evidencia el alto número de heridos, cien en total, de ellos, 50 menores y 16 jugadores de fútbol.

 

El otro ataque se produjo en el distrito de Maruf,  en el centro de la provincia de Kandahar, donde ocho funcionaros electorales y 11 soldados fueron asesinados;  los atacantes utilizaron cuatro vehículos HUMVEE norteamericanos, incautados en diferentes operaciones, los que cargados de explosivos hicieron estallar conductores suicidas.

 

El 7 de julio, un shahid se inmoló asesinado a una docena de personas e hiriendo a más de 200, durante un ataque en una instalación de inteligencia en Ghazni. El 13 de julio, otro ataque suicida mató a seis oficiales de policía y dos civiles en un hotel vecino al edificio policial de Qala-i-Naw, en la capital de Badghis.

 

El 18 de julio, varios suicida asesinaron a 12 personas, entre ellas siete civiles, en un ataque a un cuartel policial en la ciudad de Kandahar, al sur de Afganistán. El día 19, fueron realizados otros dos ataques suicidas, el primero con un coche bomba en las cercanías de la Universidad de Kabul que mató a 10 civiles,  y la otra acción, en la que habían usado como shahid a un niño, mató a cinco civiles que participaban en un casamiento en la provincia de Nangarhar. Ninguna organización de las que actúan en Afganistán se ha responsabilizado de los hechos, ya que cuando los objetivos son netamente civiles, ni el Talibán, ni el Daesh Khorasan, intentan sacar rédito de la “hazaña”.

 

La semana pasada,  el talibán tomó el distrito de Keran wa Manjan en la provincia norteña provincia de Badakhshan, donde la seguridad se ha deteriorado en los últimos cinco años desde que el ejército y la policía afgana tomaron el control de la provincia, tras haber estado ocupado por tropas de la OTAN. En ese remoto punto, 500 milicianos de al-Qaeda provenientes de Uzbekistán, Tayikistán, Kirguistán, el Cáucaso del Norte y Pakistán operan a las órdenes del mullah Haibatulá, junto a varios batallones de talibanes. De los 28 distritos de Badakhshan, el talibán controla cuatro y disputan otros 16 a las fuerzas de seguridad, por lo que el gobierno cuenta con el control de solo ocho distritos.

 

El cuartel general de la policía junto a todos los edificios oficiales de Keran wa Manjan fueron tomados por los muyahidines por lo que resultaron muertos y detenidos decenas de hombres de la policía, mientras grandes cantidades de armas, equipos de comunicación y vehículos fueron incautados por los milicianos.

 

En ese distrito, el 17 de julio los talibanes habían tomado el control de una mina de lapislázuli, que junto al opio es una de las grandes fuentes de financiación terrorista.

 

En las últimas horas del día jueves 25, se conoció que al menos cincuenta combatientes del talibán, entre ellos el comandante del grupo Sayed Shah, murieron en Ab Kamari en la provincia occidental de Badghis. Con información de inteligencia, un avión de combate de las fuerzas de seguridad afganas atacó el punto de concentración del pelotón muyahidín, poco antes del mediodía, mientras las incursiones aéreas habían continuado durante la tarde, sin que se conocieran nuevas bajas. En los últimos 10 días fuerzas del talibán habían estado asediando el distrito de unos 36 mil habitantes.

 

Esta semana, se conoció un nuevo exabrupto del presidente norteamericano Donald Trump diciendo que “Estados Unidos podría haber ganado fácilmente este conflicto, pero no querían matar a diez millones de personas o hacer desaparecer Afganistán de la superficie de la tierra”. Quizás, en la afiebrara cabeza de rubicundo empresario, esté naciendo una idea que lo coloque junto a Leopoldo II de Bélgica, Hitler y otros grandes genocidas de la historia.

 

-Guadi Calvo es escritor y periodista argentino. Analista Internacional especializado en África, Medio Oriente y Asia Central. En Facebook: https://www.facebook.com/lineainternacionalGC

 

https://www.alainet.org/es/articulo/201237
/subido por PV

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